Hommage Doble Tourbillon Volante con guilloché realizado a mano: una asombrosa interpretación contemporánea de un talento
decorativo con historia Esta nueva obra maestra de la colección Hommage resalta el arte tradicional del guilloché encarnando una atrevida combinación de artesanía tradicional y moderna.
Con la introducción de los primeros modelos de la colección Hommage en 1995, el Sr. Roger Dubuis rendía un homenaje entusiasta a sus predecesores del campo de la relojería y a las tradiciones horológicas en el sentido más amplio de la palabra. A la hora de crear el excepcional Hommage Doble Tourbillon Volante con guilloché realizado a mano, Gregory Bruttin y el departamento de I+D que dirige optaron por una disposición deliberadamente sencilla. El hecho de adoptar un diseño simplificado permitió adaptar el movimiento con una precisión aún mayor a la naturaleza tradicionalmente compleja de la colección Hommage, aportando asimismo aún más espacio en el que ofrecer una interpretación estética contemporánea.
El resultado de estas deliberaciones fue el RD100, un nuevo movimiento compuesto de 452 piezas acabadas a mano de forma individual, equipado con una reserva de marcha de 50 horas y que requirió 1.200 horas de fabricación –360 de las cuales se dedicaron específicamente a cumplir con los requisitos del Poinçon de Genève– y seis semanas completas de controles. Un mecanismo tan logrado merecía por naturaleza ser mostrado en todo su esplendor. El nuevo Hommage Doble Tourbillon Volante con guilloché realizado a mano logra perfectamente este objetivo mediante una espectacular nueva demostración de la preocupación igualmente intensa de Roger Dubuis por la belleza interior y exterior de sus modelos. Dotado de códigos de diseño históricos, entre los que se incluyen unas asas largas y esbeltas, un bisel cóncavo, números romanos grandes, una corona acanalada y una característica hebilla desplegable, también presenta una serie de sutiles toques nuevos.
El aspecto sin duda más llamativo del nuevo Hommage Doble Tourbillon Volante –y aquel que capta y retiene inmediatamente la mirada– es el original grabado guilloché visible en la parte frontal. Esta compleja técnica decorativa crea un efecto «rayos de sol» único, delicado y preciso que no deja de resultar atractivo e intrigante.
Las técnicas de guilloché manual en particular transmiten un prestigio único, aplicado al uso de antiguas máquinas para realizar líneas rectas o líneas entrecruzadas torneadas o dirigidas por artesanos y, por tanto, en realidad, meras herramientas de las que estos se sirven para su delicada tarea, totalmente guiada por la habilidad, experiencia e intuición personal. La belleza de los motivos creados de esa forma depende del instinto estético del artesano y de su destreza, dado que el éxito de sus esfuerzos está determinado por numerosos factores, como la velocidad, la presión y un posicionamiento exacto.
Si recordamos que las líneas que componen los motivos miden apenas la décima parte de un milímetro de profundidad (de 0,05 a 0,1 mm), podemos hacernos una idea más clara de la precisión sumamente fina que se requiere para lograr un resultado final atractivo. Esta también es precisamente la razón por la que los motivos de guilloché esculpidos con el buril nunca serán idénticos en dos determinadas piezas: un hecho que explica, a su vez, el carácter único y excepcional de cada reloj con una esfera decorada con guilloché realizado a mano.
El guilloché tradicional casi siempre implica un proceso de crémage (literalmente, «batido») con polvos de talco húmedos, con el fin de crear un acabado pulverizado en lugar de un efecto pulido. Esta técnica sirve para ocultar los inevitables arañazos minúsculos provocados por el artesano que realiza el guilloché al manipular las hendiduras. Tal y como explica Gregory Bruttin, la idea de considerar una técnica potencialmente distinta era permanecer en armonía con la herencia genética de la Manufactura. De la misma forma que el enfoque adoptado por Roger Dubuis respecto a movimientos calados o reducidos a la mínima estructura se caracteriza por líneas rectas, tensas y dinámicas en lugar de curvas elaboradas, también en este caso el equipo tenía la ilusión de crear una interpretación decididamente moderna a partir de un producto de artesanía tradicional. Como parece suceder habitualmente cuando el departamento de I+D de Roger Dubuis decide probar un experimento aparentemente arriesgado y atrevido, se descubrió que, solo con omitir el paso del crémage, se hacía posible que la luz crease un juego con las facetas del grabado guilloché y acentuase de esa forma su dramático impacto visual.
La decisión complementaria de añadir un puente pequeño aportó un toque adicional de intriga estética, si bien entrañó sus propias dificultades, entre ellas la de garantizar una transición fluida e impecable. La elaboración a mano del guilloché en las dos partes significó que cualquier arañazo invisible en el puente supondría el descarte de ambos elementos.
El guilloché cóncavo de este modelo destaca además por su impresionante profundidad, exquisitamente elaborada a mano pasando la herramienta por cada hendidura o surco al menos cuatro veces, ¡en lugar de una o dos como se suele hacer! Se debe equilibrar cuidadosamente el tamaño de cada una para garantizar un aspecto armonioso y que el efecto tridimensional resultante sea realmente llamativo. El refinamiento de los puentes grabados de forma tradicional con la técnica del guilloché, unida a la belleza mecánica contemporánea del Doble Tourbillon Volante de Roger Dubuis con diferencial que garantiza una precisión óptima, crea un contraste estético que supone una fuente de fascinación infinita. Este patrón, que capta y retiene el juego de la luz sobre las hendiduras extremadamente precisas, supone asimismo un guiño a uno de los rasgos característicos de Roger Dubuis: líneas que convergen hacia el centro tipificadas por la disposición radial de los números. La totalidad del proceso requiere una mezcla de sensibilidad artística extrema y destreza manual, una combinación de éxito fielmente cultivada en Roger Dubuis y a la cual se concede un magnífico margen para la expresión en este asombroso modelo.
El uso de esta técnica del guilloché a mano, posiblemente el aspecto más crucial de todos, garantiza que cada esfera sea realmente única, puesto que los motivos grabados nunca serán totalmente idénticos. Por ello, cada persona que luce uno de estos relojes puede disfrutar de la garantía de poseer un objeto auténticamente único.
Asimismo, este último modelo estelar posee un diseño de efecto tridimensional poderosamente encarnado en el modelo Excalibur Quatuor y que se está convirtiendo rápidamente en otro sello de la marca. El realce alto, los apliques altos y el centro sutilmente rebajado crean un reloj con múltiples capas que acentúan su atractivo visual.
El propio Sr. Roger Dubuis, fundador y «padre espiritual» de la Manufactura, sigue desempeñando una función inspiradora clave y lleva a cabo intercambios regulares con Gregory Bruttin y sus compañeros en relación con todos los nuevos avances. El nuevo guilloché que presenta el Hommage Doble Tourbillon Volante con guilloché realizado a mano constituye un buen ejemplo, dado que Roger Dubuis ya había empleado esta técnica bajo la tutela de su fundador y el equipo actual tenía más interés que nunca en contar con su aprobación.
Cuando el propio maestro, conocido por sus exigentes expectativas y agudo sentido estético, declara algo «perfecto», ¡se puede estar bien seguro de que efectivamente está lo más cerca que resulta humanamente posible de este ideal tan codiciado! No es casual el hecho de que su firma aparezca metalizada en el cristal de zafiro montado en el reverso de la caja.
Una deslumbrante Edición Boutique de 28 unidades en oro rosa queda coronada por un bisel adornado con diamantes talla baguette engastados en chatón y tallados conforme a los criterios de la relojería, mientras que la caja y las asas de esta están engastadas con diamantes talla baguette, un motivo que se mantiene hasta la hebilla desplegable ajustable en oro rosa de su correa de piel de aligátor negra.
En la deliciosa variante en oro rosa sin diamantes, la caja y los números están elaborados en el mismo color y material de oro rosa 5N, pero la caja presenta un acabado pulido, mientras que los números presentan un acabado satinado, creando de esa forma un sutil matiz de color tono sobre tono que se complementa admirablemente con la calidez de la correa de piel de aligátor marrón. En cada una de las tres interpretaciones anteriormente descritas, equipadas con movimientos rodiados, el enfoque decididamente holístico y perfeccionista de la Manufactura se mantiene hasta el fondo de la caja, en el que la decoración anterior vertical «Côtes de Genève» ha sido sustituida por un motivo circular «Côtes de Genève». Este último refleja de forma atractiva y sutil los ecos del motivo guilloché de la parte frontal, garantizando una estética general fluida y armoniosa.
En último lugar, pero no por ello menos importante, cabe citar una interpretación en oro rosa producida en una Edición Boutique limitada de 88 unidades que resalta el valor inestimablemente precioso del movimiento en sí introduciéndolo en oro rosa (RD102) para hacer juego con la caja, mientras que los apliques de números romanos aparecen en antracita para hacer juego con el tono de la correa de auténtica piel de aligátor. En esta versión exclusiva, el reverso de la caja reproduce el mismo guilloché con efecto «rayos de sol» que caracteriza la parte frontal.






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